Diócesis de Facatativá

Cundinamarca-Colombia

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Muy amados hermanos sacerdotes:

Acaba de ocultarse en el aire de la noche cartagenera el avión que lleva al Santo Padre de regreso a Roma. Creo que, por esta providencial visita, fuimos tocados todos los colombianos y no pocos extranjeros. Colombia mostró las raíces de su fe y el Papa nos mostró una vez más el rostro de la misericordia de Dios. Repitamos y sintamos profundamente la frase del Salmo: "¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.!"

Dios, nuestro Señor, ha permitido que vivamos un tiempo de consolación comunitaria. Hemos escuchado una palabra llena de autoridad y quedamos con tareas que acogemos y admitimos con entusiasmo. Recibimos el magnífico ejemplo de un hombre que vive de la Palabra de Dios porque la asimila diariamente en su meditación personal. Y vimos de frente cómo esa Palabra se transforma en misericordia práctica.

Nos conmovieron los encuentros del Santo Padre con los enfermos y con las víctimas del conflicto. Nos hicieron sonreír sus gestos de ternura con los niños. Nos impactaron sus posturas frente a nuestros problemas y su sabiduría para hablar de todo y para hablarles a todos sin perder ni por un momento la serenidad y el espíritu evangélico. Su altura fue evidente y su capacidad para tocar la vida se hizo manifiesta. Su simpatía con los sacerdotes y los consagrados demuestra su cercanía y nos asegura que sus sabios consejos nunca son "puro cuento chino". ¡Su alegría y su humildad nos dejan mudos!

¡Cómo no ponderar la grandeza de este hombre que eligió la pobreza por estilo de vida cuando profesó sus votos de religioso! ¡Cómo no sorprendernos ante el poder de quien quiso la obediencia radical como forma de vida! ¡Cómo no emocionarnos ante la ternura y las caricias de alguien que vive fielmente su castidad consagrada y demuestra que el amor de Dios es la realidad más concreta de esta vida!

Son extraordinarios los ejemplos que resultaron de su estar al lado de los poderosos, que se doblegaban ante él, emocionados, quizá sin entender bien que el único poder de este hombre, que tiene los bolsillos vacíos y que sabe que el diablo entra por los bolsillos, viene de su pertenencia exclusiva a Jesucristo y de su dedicación absolutamente completa a la humanidad.

¡Dios nos ha visitado en Francisco! Démosle gracias a Dios.

Pongámonos "en modo escucha" para que sigamos dando pasos en el camino que él ha inaugurado con nosotros. Que el primer paso en el ejercicio más concreto de la misericordia entrañable, de la búsqueda común de la paz, de una evangelización centrada en la contemplación de la Palabra de Dios y en su predicación incansable, sea seguido por muchos pasos firmes y entusiastas de parte de todos nosotros.

¡Gracias, Papa Francisco! ¡Gracias, amadísimo padre! ¡Dios lo colme de toda clase de bendiciones y siga iluminando al mundo con su ministerio!

En la comunión que nos da la alegría de la santa fe católica, me despido de Ustedes, queridos amigos y hermanos, y los bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

+ José Miguel