Diócesis de Facatativá

Cundinamarca-Colombia

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Fin del aborto

Algunos seguirán insistiendo que el aborto se terminará el día que los líderes del mundo se pongan de acuerdo y castiguen a la mujer enviándola a la cárcel por asesinar a su hijo, pero no es así. El aborto terminará, el día que esa misma mujer sea tratada con respeto. El día que la mujer sea dignificada y custodiada por todos, tratada con amor y ternura.

El aborto es la consecuencia de una cadena de maltratos, uno de los principales, el haberle arrebatado la dignidad a la mujer y el haberle enseñado a ser manoseable, deseable, a ser tratada como una cosa, como un objeto de satisfacción para machos, pero no como una digna hija de Dios.

Le enseñamos a la mujer, que no nos importa que sea inteligente, ni interesante, tampoco estudiosa, trabajadora o amante de su papel en la vida de la familia y la sociedad. No, al contrario le enseñamos a la mujer, que su éxito dependía de las medidas de su cuerpo y no de la calidad de sus virtudes.

Las obligamos a ser "machas", a competir, a masculinizarse o a convertirse en muñecas que no piensen, no opinen, ni tampoco construyan.

Los quirófanos están llenos de mujeres que luchan por mantenerse estiradas y a la vez voluptuosas, con unos senos grandes que nunca alimentarán a un niño, la cola prominente aunque no sea su atributo natural. Una cintura de avispa que no resiste el más mínimo gramo de grasa, los labios inflamados, el pelo teñido y ni la más mínima arruga, en fin, unas muñecas de silicona y botox, que olvidaron la hermosa cualidad de ser madre, verdaderas modelos de la sociedad, unas sabías guías y constructora de la civilización del amor.

¡Del aborto, todos somos culpables! Si, usted con esos chistes estupidos y desgastados enviándole fotos de mujeres desnudas a sus amigos por el celular. Usted que se ríe cuando ve a esa mujer contorsionándose mientras baila música-basura.

El aborto es una terrible consecuencia de la cosificación de la mujer. Una mujer a la cual le hemos dicho que no merece ser amada o bien-tratada, si su cuerpo no está rigurosamente diseñado para generar placer y más placer. Y claro! Un hijo se convierte en un estorbo, cuando el placer por si solo y no el amor, gana la batalla y el sexo se ha convertido en el fin y no un medio.

Definitivamente quién no ama a la mujer, a esa única mujer que hacía parte del plan de Dios que se convirtiera en amiga y esposa y no en "una más", la destinó a ser la mujer de otro y otro más. Mujeres diseñadas para ser simplemente amantes de turno.

La castidad es una palabra que debe aparecer de nuevo en nuestro diccionario. El dominio sobre nuestros desórdenes y pasiones. La lectura de la palabra de Dios y no la pornografía debe mandar en nuestras vidas.

Le exigimos a las mujeres que no aborten, pero les obligamos en esta sociedad permisiva e injusta a convertirse en madres solteras, mujeres que tendrán que valerse por sí mismas, solas o custodiadas por sus madres que cuidarán de sus nietos mientras ellas luchan por sacar adelante a sus bebés.

Necesitamos urgentemente hombres de Dios! Una sociedad Santa que re-descubra el plan de Dios en la vida de la mujer. Una sociedad que vea en la mujer el reflejo de la santidad y de la mujer Santa e Inmaculada que es la Virgen María.

Necesitamos niñas educadas para amar de verdad, no para ser objetos sexuales desde temprana edad. Mujeres sabias, fuertes de carácter, sobrias, pudorosas, con dominio sobre sus afectos y pasiones. Mujeres que reconozcan que fueron hechas por su Creador dentro del Paraíso como obras perfectas de Su amor. Mujeres dignas de ser amadas por lo que son y no por lo que muestran.

No tanto bíceps, ni hombres barbudos con pinta de leñadores, o tatuados como vikingos pero enamorados de otros hombres de su mismo sexo o de si mismos y sus abdominales. Necesitamos Hombres conforme al corazón de Cristo! Hombres dispuestos a ser esposos y papás. Más hombres, más Cristo, menos egoísmo, menos "yo".

Hombres santos, con el valor de San José, capaces de abrazar a sus esposas y recordarles cuánto son amadas, respetadas y deseadas, aun por encima de las cicatrices que llevan en su cuerpo, producto de sus cesáreas, y los obvios cambios que trae consigo la vida.

El aborto pronto va a terminar, de eso estemos seguros, porque al fin descubriremos que el Espíritu Santo tenía la capacidad de hacer de nosotros, hombres conforme al corazón de Dios y no machos estériles y temerosos de asumir nuestro rol de padres, proveedores y amigos del gran tesoro que Dios puso a nuestro encargo: La mujer.

Dios los bendiga

Tomado de: www.facebook.com