Diócesis de Facatativá

Cundinamarca-Colombia

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LAS COSAS POR SU NOMBRE…

Hace pocos días, la Conferencia Episcopal emitió un comunicado, que en el fondo es un grito de angustia y perplejidad ante el proceder macabro y criminal de la Corte constitucional, y un llamado a que levantemos la voz en defensa de la vida y de la ley de Dios. Este grito está provocado por la sentencia T-544 de 2017, con que dicha corte urge al Congreso para que reglamente la práctica de la eutanasia de niños y adolescentes, y por el consiguiente proyecto de ley que en ese sentido ha presentado al órgano legislativo el ministerio de salud. Nos recuerdan los señores Obispos que sólo Dios es dueño de la vida; que cada vez más, y es ésta la tarea de la medicina, es posible aliviar el dolor; que no es lícito matar al paciente por matar su sufrimiento; que las instituciones de salud que se profesan católicas tienen perfecto derecho a oponer la objeción de conciencia si quiere obligárseles matar a un ser humano; que es un sofisma aranero el llamar derecho a una muerte digna la eliminación deliberada de un ser humano, más aún cuando se trata de un ser vulnerable e inerme como es el niño. No me sentiría tranquilo si no atendiera este llamado de la Iglesia; siento que es nuestro deber hacer eco a la voz de nuestros Pastores.

Avanza, incontenible y ciega, la “cultura de la muerte”, llevándose por delante la ley de Dios y los fundamentos éticos de nuestra sociedad; la corte constitucional y el ministerio de “salud y protección social”, irresponsable e ilegítimamente, se arrogan una autoridad que no tienen para imponer el asesinato de los más débiles por medio del aborto y, ahora, de la eutanasia. Y todo lo envuelven con el hipócrita ardid de no llamar las cosas por su nombre; hay eufemismos que, si no estuvieran paliando crímenes abominables, resultarían simplemente ridículos. El editorialista de El Espectador, el día 4 de este mes, emplea cinco veces en pocos renglones la expresión de “muerte digna” refiriéndose a la eutanasia de los niños, que presenta artera y falsamente, como un derecho; y se queja, en relación con el comunicado de la CEC, de que nuestros Obispos “en síntesis dicen que es un asesinato”. Pues sí, sí señor, lo dicen, porque lo es. La inefable señora Florence Thomas, que continúa con su pretensión de dictarnos cátedra de humanismo y ética a los colombianos, en días pasados se despachó así en su columna de El Tiempo : “ Y no estoy hablando de aborto, sino de interrupción voluntaria del embarazo”… ( ¡Sic! ) Sencillamente risible si, repito, no fuese tan trágico y criminal. El señor presidente de la república expresa ante las cámaras, poniendo cara de angustia, que vive un drama en el alma pensando en el número de vidas que se pondrían en riesgo si él interrumpiera la nefasta negociación con los criminales del ELN. Yo me pregunto, y le pregunto: ¿lo trasnochan, igualmente, las vidas inocentes que, por miles, serán segadas por la aplicación de las leyes abortistas y eutanásicas que su gobierno prohija?

Otra vez lo digo : bueno sería conocer, sin rodeos ni vacilaciones, cuál es la posición de quienes en este momento se presentan como candidatos para el Parlamento o para la Presidencia de la República, en relación con el aborto, la eutanasia, el pretendido matrimonio homosexual, la naturaleza y constitución de la familia; porque por quienes admitan aberraciones en relación con estos temas, en conciencia, no podemos votar.

Mario García Isaza

El Rev. Padre Mario García Isaza es un sacerdote vicentino, sabio y prudente, formador de varias generaciones de sacerdotes, actual formador y profesor del Seminario Mayor de María Inmaculada, de Ibagué.