Diócesis de Facatativá

Cundinamarca-Colombia

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¿QUÉ ES LA CUARESMA?

-Willson F. Medina Ch. Pbro.

Comisión Diocesana de Liturgia-

Es un tiempo de gracia, de bendición y de preparación que Dios nos concede, a través de su Iglesia, para celebrar el Misterio Pascual de Cristo. Es decir, durante estos cuarenta días no nos preparamos, simplemente, para celebrar la Semana Santa, sino para acoger plenamente el Proyecto de Salvación que Dios ha trazado para la humanidad y que tiene como culmen los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Por lo tanto, podemos afirmar que nos aprestamos a vivir UN TIEMPO FUERTE DE NOVENTA DÍAS que tendrá como momento culminante la celebración de la Pascua, solemnidad que se prolonga durante Cincuenta días (hasta Pentecostés), celebrados como uno solo. Es decir, la Cuaresma no es fin en sí misma, sino que culmina y se perfecciona en la Pascua: son cuarenta días de preparación y cincuenta de celebración.

Lo importante en Cuaresma es incorporarnos al Misterio Pascual de Cristo, viviendo, con la ayuda de Dios, en lo más hondo de nuestra persona una verdadera “conversión” para pasar de las sombras de muerte, en las que generalmente andamos, a la vida plena, acogiendo al Resucitado. Entendiendo el término “conversión” en su significado más profundo: “VOLVER A LA CASA DEL PADRE”, saliendo de nuestros pecados y fragilidades, para acoger el amor y la misericordia de Dios.

¿QUÉ MEDIOS NOS OFRECE LA IGLESIA PARA VIVIR ESTE TIEMPO CUARESMAL?

  1. LA PALABRA DE DIOS: La verdadera imagen de la Iglesia en Cuaresma no es solamente la de un pueblo que ayuna y llora, vestido de saco y de silicio, sino sobre todo la de una comunidad que se recoge en la escucha orante de la Palabra de su Señor.
  2. LA ORACIÓN: La transformación que hay que vivir en la Cuaresma no se puede llevar a cabo sin la ayuda de Dios, por eso, este es un tiempo propicio para ponernos de rodillas y pedirle al Señor por nuestra conversión, por la conversión de nuestras familias y comunidades, por la Iglesia Universal.
  3. EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA: En una sociedad esclavizada por el consumismo, adquieren mayor sentido estas prácticas cuaresmales que nos han de ayudar a reconocer que el centro de nuestra vida y, por consiguiente, el valor más importante de nuestra existencia es Dios.
  4. LA LIMOSNA: Obviamente, privarme de cosas, debe ir de la mano de la caridad. Es decir, mis privaciones deben convertirse en signos concretos de ayuda a los demás. Este hecho adquiere mayor sentido en este Año de la Misericordia en el que somos invitados, de manera especial, a ser misericordiosos con quienes están a nuestro lado, expresando esta misericordia por medio de las Obras de Misericordia, acciones concretas a través de las cuales expresamos nuestro amor a Dios y a nuestros hermanos.
  5. VIVENCIA SACRAMENTAL: Tiempo de gracia para experimentar la acción salvadora del Señor a través de la acción sacramental de su Iglesia. Por eso, estamos llamados a profundizar en el sentido del Bautismo, a acercarnos a la misericordia de Dios por medio del Sacramento de la Reconciliación y a vivir plenamente la entrega salvadora del Señor en la Eucaristía.

PARA TENER EN CUENTA:

  1. El Tiempo de Cuaresma abarca desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, exclusive.
  2. Desde cuando se inicia la Cuaresma hasta la Vigilia Pascual, no se dice el Aleluya.
  3. Durante este tiempo se prohíbe adornar el altar con flores, y el sonido de los instrumentos se permite sólo para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este tiempo. De esta norma se exceptúan, sin embargo, el Domingo Laetáre (IV de Cuaresma) y las solemnidades y fiestas.
  4. El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo se observará el ayuno y la abstinencia de carne. Obliga el ayuno a los mayores de 18 años hasta los 59 años cumplidos; la abstinencia, a los mayores de 14 años.
  5. Los demás viernes del año que no coincidan con una Solemnidad, los fieles mayores de catorce años pueden cumplir el precepto de la abstinencia privándose de carne o de otro alimento habitual de especial agrado para la persona; la abstinencia puede suplirse, con excepción de los Viernes de Cuaresma, por un acto determinado de mortificación, de piedad, de caridad, de limosna o de apostolado. Pidamos al Señor, que fortalecidos con la fuerza de su Santo Espíritu podamos vivir plenamente este tiempo cuaresmal; que abriendo nuestro corazón a su acción amorosa podamos prepararnos dignamente para celebrar con júbilo y alegría la Pascua del Señor, fuente de nuestra salvación. Que la Virgen María nos acompañe y sostenga para que, a ejemplo suyo, todas nuestras acciones estén orientadas a vivir según la voluntad de Dios, acogiendo con humildad y docilidad su proyecto de salvación.